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John MacArthur

John MacArthur


John F. MacArthur, Jr. is a fifth-generation preacher who serves as a pastor-teacher of Grace Community Church in Sun Valley, California. He is also a prolific author, conference speaker, and is president of The Master's College and Seminary. MacArthur received a B.A. from Los Angeles Pacific College, his M.Div. from Talbot Theological Seminary, Litt.D. at Grace Graduate School, and D.D. from Talbot Theological Seminary. In addition to his administrative responsibilities, he regularly teaches Expository Preaching at the seminary and frequently speaks in chapel.

MacArthur's pulpit ministry has been extended around the globe through his media ministry, Grace to You, and its satellite offices in Australia, Canada, Europe, India, New Zealand, Singapore, and South Africa. In addition to producing daily radio programs for nearly 2,000 English and Spanish radio outlets worldwide, Grace to You distributes books, software, audiotapes, and CDs by John MacArthur. In thirty-six years of ministry, Grace to You has distributed more than thirteen million CDs and audiotapes.

      John Fullerton MacArthur, Jr. is a United States evangelical writer and minister, noted for his radio program entitled Grace to You. MacArthur is a fifth-generation pastor, a popular author and conference speaker and has served as the pastor-teacher of Grace Community Church in Sun Valley, California since 1969, and as the President of The Master's College (and the related The Master's Seminary) in Santa Clarita, California.

      Theologically, MacArthur is a conservative far-right Baptist, a strong proponent of expository preaching, a dispensationalist and a self-described Calvinist. He has been acknowledged by Christianity Today as one of the most influential preachers of his time, and is a frequent guest on Larry King Live as representative of an evangelical Christian perspective.

      MacArthur has authored or edited more than 150 books, most notably the MacArthur Study Bible, which has sold more than 1 million copies and received a Gold Medallion Book Award. Other best-selling books include his MacArthur New Testament Commentary Series (more than 1 million copies), Twelve Ordinary Men, (more than 500,000 copies), and the children's book A Faith to Grow On, which garnered an ECPA Christian Book Award.

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“¿Cómo podemos vivir en una sociedad pagana de una manera que honre a Dios, de tal manera que no alienemos a las mismas personas que Dios quiere alcanzar con el evangelio? Debemos recordar dedicarnos a buenas obras, que las Escrituras dicen serán el resultado de nuestra salvación. Pablo resume esto muy bien en Tito 3.8: «Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres». Simplemente tenemos que entender y obedecer todas las instrucciones del apóstol, por medio del Espíritu Santo, que nos da acerca de qué significa el cuerpo de Cristo y cómo el mismo debe funcionar en la tierra. Su primer llamado no es a cambiar su cultura, a reformar la conducta moral externa y profesar convicciones políticas de los que le rodean, o para rehacer la sociedad superficialmente, de acuerdo con una especie de «plan maestro cristiano evangélico». En su lugar, siempre debe recordar que el Señor le ha llamado a ser su testigo ante el mundo perdido y condenado en el que ahora vivimos. Esta misión es mucho más «buenas y útiles a los hombres» que cualquier cantidad de activismo social y político. Tales esfuerzos pueden renovar la vida de la gente hacia fuera, pero no pueden transformar sus corazones y llevarlos a una relación salvadora con Jesucristo. Esta transformación final ocurrirá solo cuando usted y otros creyentes fieles alegremente realizan sus deberes cristianos, recuerden su anterior condición perdida y su actual condición de salvo, y luego diligentemente hagan «buenas obras».”
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“Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. MATEO 4.24 Los síntomas de la posesión demoníaca en el Nuevo Testamento son variados. Los endemoniados eran algunas veces personas dementes, como es el caso de dos hombres poseídos por los demonios, que vivían en un cementerio y se comportaban tan fieramente que nadie se atrevía a acercárseles (Mateo 8.28–34; Marcos 5.1–5). Con mucha frecuencia, la posesión demoníaca implicaba padecimientos físicos. No pensemos (como muchos lo hacen) que la descripción bíblica de las posesiones demoníacas, son meras acomodaciones a las supersticiones humanas, o que las enfermedades caracterizadas como posesión demoníaca en la Biblia, fueran en realidad manifestaciones de epilepsia, demencia u otras aflicciones puramente fisiológicas y sicológicas. Las Escrituras hacen una clara distinción entre posesión demoníaca y enfermedad, incluyendo epilepsia y parálisis (Mateo 4.24). La posesión demoníaca implica sujeción a un espíritu demoníaco —una criatura caída verdadera y personal— que habita en la persona afligida. En varios casos, la Escritura describe cómo los espíritus de demonios hablan a través de los labios de aquellos a quienes atormentan (Marcos 1.23–24; Lucas 4.33–35). Algunas veces, Jesús obligaba a los demonios a identificarse, quizás para dar una clara prueba de su poder sobre ellos (Marcos 5.8–14). En todos los casos, sin embargo, la posesión demoníaca es presentada como una aflicción, no como un pecado en sí. Indudablemente, la anarquía, la superstición y la idolatría juegan un gran papel importante, en abrir el corazón de las personas a la posesión demoníaca, pero a ninguno de estos individuos endemoniados en el Nuevo Testamento se les asocia explícitamente con conductas inmorales. Siempre se los presenta como personas atormentadas, no como malhechores obstinados. ¿Qué puntos de vista erróneos de posesión demoníaca ha visto retratado en la sociedad?”
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“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie. SANTIAGO 1.13 El curso completo de todos los eventos y circunstancias está ordenado en el decreto divino, desde el hito más profundo del plan divino hasta el detalle más insignificante. Dios también determina el número de cabellos de nuestra cabeza (Mateo 10.30). En última instancia, tenemos que admitir que el pecado es algo que Dios quiso que sucediera. Él lo planeó, lo ordenó. El pecado no es algo que entró y le tomó por sorpresa, lo agarró con la guardia baja o echó a perder sus planes. La realidad del pecado figuró en sus propósitos inmutables desde la eternidad pasada. De modo que el mal y todas sus consecuencias estaban incluidos en el decreto eterno de Dios antes de la fundación del mundo. Sin embargo, del mismo modo Dios no puede ser considerado como el autor o creador del pecado. «Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie» (Santiago 1.13). «Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él» (1 Juan 1.5). Dios en ningún sentido causa, incita, aprueba, autoriza o consiente el pecado. Dios no es la causa o el agente del pecado. Lo único es que permite a los agentes del mal hacer sus obras, y luego anula la maldad mediante sus sabios y santos propósitos. Los propósitos de Dios al permitir el mal siempre son buenos. Es por esto que José pudo decir a sus hermanos que lo habían vendido como esclavo: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo» (Génesis 50.20).”
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“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. EFESIOS 6.12 ¿Qué era lo que realmente Pablo estaba atacando en 2 Corintios 10.4? La respuesta la dio claramente en el versículo 5: «Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios». La palabra griega es logismos, que significa opiniones, cálculos o razonamientos. Esa palabra solamente se encuentra otra vez en el Nuevo Testamento en Romanos 2.15 donde se traduce como «pensamientos» y describe el proceso de racionalización que hace una persona para dar una excusa. En otras palabras, las fortalezas que Pablo estaba describiendo aquí eran los sistemas de creencias corruptos, las filosofías siniestras, las falsas doctrinas, las cosmovisiones malignas y cualquier sistema masivo de falsedad. Obviamente, si luchamos por la verdad, las fortalezas que necesitamos demoler son los bastiones de mentiras, los malos pensamientos, las ideas malignas, las opiniones falsas, las teorías morales y las falsas religiones. Son fuertes ideológicos, fuertes filosóficos, fuertes religiosos, fortalezas espirituales hechas con pensamientos, ideas, conceptos, opiniones. En tales ciudades ideológicas, las personas pecadoras tratan de esconderse y fortificarse en contra de Dios y en contra del evangelio de Cristo. La guerra espiritual como Pablo la describe por lo tanto es ideológica más que mística. Nuestros enemigos son demoníacos, pero nuestra guerra contra ellos no se hace mandándolos, haciendo un mapa de su localización física, invocando palabras mágicas para someterlos, proclamando autoridad sobre ellos ni ninguna otra de las tácticas comunes que algunas personas utilizan cuando se refieren a «guerra espiritual». Los atacamos demoliendo sus fortalezas de mentiras.”
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“No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. 1 CORINTIOS 10.21 En 1 Corintios 10.20, Pablo dice que un ídolo en sí mismo no era nada: «Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios». Nada de lo que el mundo pagano entero sacrifica a sus ídolos de piedra, plata u oro le agrada al Dios verdadero, pero sí a las fuerzas del infierno. Todo está ligado a Satanás y los demonios. Usted tal vez diga: «Ah, ¡pobres paganos bien intencionados! Están abriéndose paso a Dios de la mejor manera que saben». No, están abriéndose paso al infierno. Están conectándose con fuerzas demoníacas que se hacen pasar por ídolos que no existen. No hay dioses aparte del Dios verdadero. La gente piensa que sí, porque los demonios se hacen pasar por los dioses que adoran y hacen suficientes trucos como para mantener a esas personas conectadas con sus falsas deidades. No es simplemente un caso de «qué malo que sean ignorantes”. No están en el limbo sino que se dirigen al infierno. La ignorancia no es excusa. La razón natural que busca a Dios acaba en la ignorancia, la idolatría y lo demoníaco. Los demonios están detrás de todas las religiones falsas. Están detrás de todos los sistemas filosóficos y religiosos. Están detrás de todo lo encumbrado que se levanta contra el conocimiento de Dios. Toda idea no bíblica y contraria a Dios, es diabólica. Algunos me han preguntado: «¿Hay mucha religión satánica en nuestra sociedad?». Sí. Todo, excepto el verdadero cristianismo, es satánico, hasta cierto punto, de una forma u otra. No es que todo el mundo adore directamente a Satanás, aunque algunos lo hacen. Pero toda persona que no adora al Dios vivo y verdadero por Jesucristo, adora, en efecto, a Satanás. ¿Qué puede hacer para ayudar a alguien que está atrapado en una falsa creencia acerca de Dios?”
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“Y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. ROMANOS 6.18 El Nuevo Testamento refleja esta perspectiva, ordenando a los creyentes a someterse a Cristo completamente y no solo como siervos contratados o empleados espirituales, sino como quienes pertenecen por entero a Él. Se nos pide obedecerlo sin preguntas y seguirlo sin reclamos. Jesucristo es nuestro Amo, un hecho que reconocemos cada vez que lo llamamos «Señor». Somos sus esclavos, llamados para obedecerlo y honrarlo humilde e incondicionalmente. Hoy en las iglesias no escuchamos mucho acerca de este concepto. En el cristianismo contemporáneo se habla de cualquiera cosa menos de la terminología esclavo. Se habla del éxito, de la salud, de la riqueza, de la prosperidad y de la búsqueda de la felicidad. Con frecuencia escuchamos que Dios ama a las personas incondicionalmente y quiere que sean todo lo que ellos quieren ser, que quiere que cumplan cada deseo, esperanza o sueño. La ambición personal, la realización personal, la gratificación personal, todo esto ha llegado a ser parte del lenguaje del cristianismo evangélico, y parte de lo que significa tener una «relación personal con Jesucristo». En lugar de enseñar el evangelio del Nuevo Testamento, donde se llama a los pecadores a someterse a Cristo, el mensaje contemporáneo es exactamente lo opuesto: Jesús está aquí para cumplir todos tus deseos. Equiparándolo a un ayudante personal o a un entrenador particular, muchos asistentes a las iglesias hablan de un Salvador personal que está deseoso de cumplir sus peticiones y ayudarlos en sus esfuerzos de autosatisfacción o logros personales. La comprensión del Nuevo Testamento acerca de la relación del creyente con Cristo no podría ser más opuesta. Él es el Amo y Dueño. Nosotros somos su posesión. Él es el Rey, el Señor y el Hijo de Dios. Nosotros somos sus objetos y sus subordinados. En una palabra, nosotros somos sus esclavos.”
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“Los padres deben estar muy claros en esto: El comportamiento no es la cuestión crucial. Un cambio en el comportamiento no va a resolver el problema de raíz del niño. Un cambio en el comportamiento sin un cambio en el corazón no es más que hipocresía.”
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“Apunte al corazón del niño Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, y estad atentos, para que conozcáis cordura. PROVERBIOS 4.1 Los padres deben estar muy claros en esto: El comportamiento no es la cuestión crucial. Un cambio en el comportamiento no va a resolver el problema de raíz del niño. Un cambio en el comportamiento sin un cambio en el corazón no es más que hipocresía. ¿Cómo pueden los padres pastorear el corazón del niño? En primer lugar, los padres deben ayudar a los niños a comprender que ellos tienen corazones pecaminosos. Los propios niños necesitan saber que todas sus malas palabras, pensamientos y acciones surgen de sus corazones contaminados por el pecado, y el único remedio para esto es el evangelio. El corazón de su hijo es un campo de batalla donde el pecado y la justicia están en conflicto. El mayor problema de su hijo no es la falta de madurez. No es la falta de experiencia o la falta de comprensión. Es el corazón malvado. Esas otras cosas agravarán el problema del corazón. Sin embargo, los remedios para la inmadurez, la ignorancia y la inexperiencia no son una cura para el problema principal. Su hijo no va a superar su propia depravación. Como padres, debemos dirigirnos a los corazones de los hijos. El objetivo de la crianza de los hijos no es el control de la conducta. No se trata simplemente de producir hijos con buenos modales. No se trata de enseñar a nuestros hijos a tener un comportamiento socialmente encomiable. No es que sean educados y respetuosos. No es que sean obedientes. No se trata de conseguir que hagan las cosas para lograr nuestra aprobación. No es que se ajusten a una norma moral. No es que nos den, como padres, algún motivo para estar orgullosos de ellos. El objetivo final y el enfoque correcto de la crianza bíblica son redentores. ¿Qué objetivos se ha marcado para conformar a sus hijos a un nivel moral? What the Bible Says About Parenting, pp. 147–148”
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“Todo el mal en la crucifixión, provocó un bien infinito. De hecho, este fue el acto más malvado jamás perpetrado por corazones pecaminosos: El Hijo de Dios sin pecado, el santo Dios mismo en carne humana, fue asesinado injustamente después de haber sido sometido a las más horribles torturas que podrían ser concebidas por mentes perversas. Era el mal de todos los males, el peor acto de depravación humana que jamás podría concebirse y el mal más vil que jamás se haya cometido. Sin embargo, de este provino el mayor bien de todos los tiempos: La redención de un sin número de almas y la manifestación de la gloria de Dios como Salvador. Aunque los asesinos pensaron el mal contra Cristo, Dios lo encaminó a bien, para salvar a muchos (cp. Génesis 50.20). La cruz es por lo tanto la prueba definitiva de la soberanía absoluta de Dios. Sus propósitos se cumplen siempre, a pesar de las malas intenciones de los pecadores. Dios aun obra su justicia a través de las malas acciones de agentes injustos. Lejos de hacerlo culpable por su maldad, esto demuestra cómo todo lo que Él hace es bueno, y como Él es capaz de obrar para que todas las cosas ayuden a bien (Romanos 8.28), incluso el acto más malvado de los poderes del mal que ha conspirado para llevar a cabo. Por otra parte, si Dios estaba soberanamente en control cuando las manos injustas de hombres asesinos pusieron a su amado Hijo en la cruz, ¿por qué alguien se resiste a la idea de que Dios todavía está soberanamente en control, incluso cuando se producen males menores? La cruz, por lo tanto, establece la soberanía absoluta de Dios fuera de toda duda.”
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“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra. 2 CORINTIOS 9.8 A diferencia de las personas libres, los esclavos no tenían que preocuparse por encontrar algo que comer o un lugar donde dormir. Ya que sus necesidades estaban atendidas, ellos podían centrarse enteramente en servir al amo. Nuevamente, los paralelos con la vida cristiana son notables. Como creyentes, podemos enfocarnos en las cosas que Dios nos ha llamado a hacer, confiando en que Él atiende nuestras necesidades. «No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?». Dijo Jesús a sus seguidores: «Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6.31–33). Aquellos que tienen como su prioridad mayor agradar a Dios pueden estar confiados que Él cuidará de ellos. Nadie comprendió mejor este principio que el apóstol Pablo. «Por nada estéis afanosos», escribió a los filipenses, «sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego» (4.6). Más adelante en ese capítulo, explicó que había aprendido el secreto del contentamiento, sin importar las circunstancias. Por consiguiente, él pudo exclamar: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (v. 13). El contentamiento de Pablo vino tanto de la confianza total en Cristo como de la evaluación correcta de sus necesidades.”
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“El verdadero evangelio es un llamado a negarse a uno mismo. No es un llamado a la autorrealización. Eso lo pone contra la proclamación contemporánea del evangelio, en la que los ministros ven a Jesús como un genio utilitario. Uno frota la lámpara, Cristo sale y le dice que puede tener lo que se le antoje; uno le da la lista, y él lo cumple. Jesús lo dijo inequívoca e inescapablemente: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará» (Mateo 16.24–25). No se trata de exaltarme a mí mismo, se trata de matarme a mí mismo. Es la muerte del yo. Uno gana al perder; uno vive al morir. Ese es el mensaje central del evangelio. Esa es la esencia del discipulado. El pasaje no menciona nada de mejorar la autoestima, de ser rico y triunfante, de sentirse bien respecto a uno mismo o de tener satisfechas todas las necesidades, que es lo que muchas iglesias predican estos días a fin de dorar la píldora de la verdad. Así que, ¿quién tiene razón? ¿Es el mensaje del cristianismo de realización propia o es la negación de uno mismo? No puede ser ambas cosas. Si es cuestión de opinión, yo hago lo mío y usted hace lo suyo, y ambos nos deslizamos raudos y contentos en direcciones diferentes. Pero el cristianismo, el evangelio genuino de Jesucristo, no es cuestión de opinión. Es cuestión de verdad. Lo que usted quiere, lo que yo quiero o lo que cualquiera quiere no importa. Es lo que es… por la voluntad soberana de Dios.”
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“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. COLOSENSES 3.23–24 La Biblia condena la pereza, es escandalosa y pecaminosa. Proverbios tiene mucho que decir sobre esto (6.9–11; 10.5; 19.15; 21.25; 24.30–34), incluyendo el contraste de la pereza con la diligencia. «La mano de los diligentes señoreará; mas la negligencia será tributaria» (12.24). «El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada» (13.4; cp. 14.23). Si usted es diligente, es muy probable que haga dinero. Si usted es perezoso, es muy probable que no lo haga. El apóstol Pablo enseñó principios similares en el Nuevo Testamento. Exhortó a los creyentes de Tesalónica: «Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma» (2 Tesalonicenses 3.10). Él le dijo a Timoteo que instruyera a los miembros de la iglesia en sus obligaciones laborales: «Si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo» (1 Timoteo 5.8). Si usted no trabaja a conciencia y con diligencia para mantener a su familia, se está comportando peor que un incrédulo, porque la mayoría de los no cristianos trabaja arduamente para cuidar a sus familias. Debemos estar motivados a huir de la pereza, porque el trabajo es una tarea noble, que se debe realizar para agradar al Señor (Colosenses 3.22–24). Trabajar «no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios» (Efesios 6.6) debe ser nuestra motivación más elevada. ¿Qué puede hacer para mejorar sus hábitos de trabajo?”
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“Porque estrecha es la puerta» dijo Jesús en Mateo 7.14, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan». Concuerdo en que nos cuesta mucho hallarla, especialmente hoy. Uno puede ir de iglesia en iglesia y jamás encontrarla. Es una puerta muy estrecha. La misma enseñanza aparece en Lucas 13.23–24. «Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar y no podrán». Cuesta hallarla, y cuesta entrar por ella. ¿Por qué cuesta tanto encontrarla hoy, y por qué es tan duro entrar por ella? Cuesta mucho hallarla porque muchas iglesias se han desviado de la enseñanza de la verdad del evangelio. Es incluso más duro, una vez que se ha oído la verdad, someterse a ella. El hombre se adora a sí mismo. Es su propio dios. Lo que necesitamos decir a la gente no es: «Venga a Cristo y se sentirá mejor» ni «Jesús quiere suplir sus necesidades, sean las que fueren». Jesús no quiere satisfacer nuestras necesidades –mundanales, terrenales y humanas–. Lo que quiere es que estemos dispuestos a decir: «Por amor a Cristo dejaré todo lo que pienso que necesito». Es difícil pasar por la puerta estrecha porque es muy duro negarnos a nosotros mismos.”
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“El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. 2 CORINTIOS 9.6 El «evangelio de la prosperidad» dice que Dios quiere que sus seguidores sean ricos y tengan todo lo mejor de la vida: casas grandes y raras, automóviles caros de lujo, los armarios más ostentosos y así sucesivamente. Esto impulsado por la herejía de la codicia es popular porque declara que la función principal de Dios es repartir bienes materiales a su pueblo. El movimiento afirma ser capaz de enseñar a la gente (mediante grandes cantidades de remuneración) cómo conectarla a la longitud de onda espiritual correcta para que Dios le entregue todo el dinero y los bienes imaginables para complacer cada indulgencia personal. También la cultura secular hace llamamientos falsos a ser próspero mediante el trabajando duro, ganando tanto dinero como sea posible, entonces acaparar, ahorrar e invertir su dinero tan astutamente como sea posible. A su juicio, es la única manera de aumentar su patrimonio neto y garantizar una jubilación próspera. Ninguna de esas filosofías para hacerse rico, sin embargo, puede coincidir con el verdadero camino de Dios para la prosperidad. El Señor está interesado en sus necesidades materiales, y realmente Él tiene un plan para su prosperidad financiera que promete satisfacer todas sus necesidades. Él no deja de lado el trabajo duro, el ahorro o la inversión sabia, pero rechaza aberraciones como el evangelio de la prosperidad y los métodos centrados en el hombre, basados en la acumulación y acaparamiento. El plan de Dios para la prosperidad genuina del creyente, como se indica en su Palabra, es simplemente este: Usted y yo debemos dar lo que tenemos. Segunda Corintios 9.6–15 dilucida el camino de Dios hacia la prosperidad como ningún otro pasaje de las Escrituras. El cristiano generoso nunca debe temer no tener suficiente. Eso es porque cuanto más se da, más Dios le da a cambio.”
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“Es popular en algunos círculos de denigrar el conocimiento y elevar la pasión, el misticismo, el amor fraternal, la fe ciega o lo que sea. La doctrina cristiana se establece a menudo contra el cristianismo práctico, como si los dos fueran antitéticos. La verdad es ignorada y exaltada la armonía. El conocimiento es despreciado mientras el sentimiento es exaltado. La razón es rechazada y el sentimiento puesto en su lugar. Esto carcome la auténtica madurez espiritual, que siempre se basa en la sana doctrina (cp. Tito 1.6–9). Por supuesto que el conocimiento por sí solo no es una virtud. Si alguien «sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado» (Santiago 4.17). El conocimiento sin amor corrompe el carácter: «El conocimiento envanece, pero el amor edifica» (1 Corintios 8.1). Pero la falta de conocimiento es aun más mortal. Oseas registró la queja del Señor en contra de los líderes espirituales de Israel: «Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos» (Oseas 4.6). Todo crecimiento espiritual se basa en el conocimiento de la verdad. La sana doctrina es crucial para un andar espiritual exitoso (Tito 2.1ss). Pablo dijo a los colosenses que el nuevo ser se renueva por el verdadero conocimiento (Colosenses 3.10). El conocimiento es fundamental para nuestra nueva posición en Cristo. Toda la vida cristiana se establece en el conocimiento de los principios divinos, la sana doctrina y la verdad bíblica. Los que repudian el conocimiento en efecto echan por la borda los medios más básicos para el crecimiento espiritual y la salud, dejándoles vulnerables a una serie de enemigos espirituales.”
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“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío. SALMOS 19.14 El significado de la Palabra de Dios no es para nada oscuro o difícil de comprender como las personas hoy día lo hacen ver. Admito que algunas cosas de la Biblia son difíciles de entender (2 Pedro 3.16), pero su verdad central y esencial es lo bastante sencilla como para que nadie se confunda con ella. «El que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará» (Isaías 35.8). Por otra parte, nuestra percepción individual de la verdad puede cambiar y de hecho así lo hace. Por supuesto que adquirimos mayor entendimiento a medida que crecemos. Todos comenzamos siendo nutridos con la leche de la Palabra. Cuando adquirimos la habilidad de masticar y digerir verdades más difíciles, se supone que debemos ser fortalecidos por el alimento sólido de la Palabra (1 Corintios 3.2; Hebreos 5.12). Esto es, movernos de un conocimiento de niño a un entendimiento de verdad más maduro en toda su riqueza y relación con otra verdad. Sin embargo, la verdad misma no cambia solo porque cambie nuestro punto de vista. Cuando maduramos en nuestra habilidad de percibir la verdad, la verdad en sí misma se mantiene invariable. Nosotros debemos ajustar todos nuestros pensamientos a la verdad (Salmos 19.14), no estamos autorizados a redefinir el término «Verdad» para adaptarlo a nuestros propios puntos de vista, preferencias o deseos. No debemos ignorar o descartar verdades seleccionadas solo porque podemos llegar a encontrarlas difíciles de recibir o de sondear. Después de todo, no podemos volvernos perezosos o apáticos acerca de la verdad cuando el precio de entenderla o defenderla se torna exigente o costoso. Tal acercamiento egoísta a la verdad es equivalente a la usurpación a Dios (Salmos 12.4). Quienes toman esa ruta garantizan su propia destrucción (Romanos 2.8–9).”
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“El posmodernismo es en gran manera una reacción en contra de la pasión desenfrenada del racionalismo de la modernidad. Pero muchas respuestas posmodernistas al racionalismo son una seria reacción exagerada. A muchos posmodernistas pareciera entretenerles la noción de que la irracionalidad es superior al racionalismo. En realidad, las dos maneras de pensar son absolutamente erradas e igualmente hostiles a la auténtica verdad y al cristianismo bíblico. Un extremo es tan terrible como el otro. El racionalismo debe ser rechazado sin abandonar la racionalidad. La racionalidad (el uso correcto de la razón santificada mediante la lógica sensata) nunca se condena en la Escritura. La fe no es irracional. La verdad bíblica auténtica demanda que empleemos pensamientos lógicos, claros y razonables. La verdad siempre puede ser analizada, examinada y comparada bajo la luz brillante de otra verdad, y no se deshace en algo absurdo. La verdad por definición nunca se contradice consigo misma o es ilógica. Y contrario al pensamiento popular, no es racionalismo insistir que la coherencia es una cualidad necesaria de la verdad. Cristo es la verdad encarnada y Él no se puede negar a sí mismo (2 Timoteo 2.13). Que la verdad se niegue a sí misma es una contradicción absoluta de términos; «…ninguna mentira procede de la verdad» (1 Juan 2.21). Tampoco es lógica una única categoría «griega» que es de alguna manera hostil al contexto hebreo de la Escritura. (Ese es un mito común y una gran simplificación que se expone comúnmente como apoyo del coqueteo del posmodernismo con la irracionalidad.) Frecuentemente, la Escritura emplea mecanismos lógicos como son la antítesis, los argumentos condicionales, silogismos y proposiciones. Todas estas son formas lógicas estándar y la Escritura está llena de ellas. (Por ejemplo, vea la hilera deductiva de argumentos de Pablo acerca de la importancia de la resurrección en 1 Corintios 15.12–19.)”
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“La ortodoxia bíblica abarca la ortopraxia. Tanto la doctrina recta como la vida recta son absolutamente esenciales y totalmente inseparables para el verdadero hijo de Dios. Esa es la enseñanza consecuente de Cristo mismo. Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8.31–32). Más allá de esto, la Escritura enseña clara y coherentemente la primacía de la creencia correcta como la base de la conducta correcta. En otras palabras, la vida recta se ve propiamente como el fruto de la fe auténtica, y nunca al revés. Los actos piadosos carentes de todo amor real por la verdad no constituyen en ninguna medida la ortopraxia genuina. Por el contrario, esa es la peor clase de hipocresía santurrona. Por lo tanto vale la pena pelear por la verdad. Como vimos, es la única cosa en el mundo por la cual la iglesia debería pelear. Si pierde esa pelea, todo lo demás está perdido.”
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“Estoy convencido de que estamos viviendo en una sociedad poscristiana, una civilización que está bajo el juicio de Dios. Si esto suena un poco pesimista o cínica para usted, en realidad no lo es. Las Escrituras predijeron con exactitud tiempos como estos (vea 2 Timoteo 3.1–5, 13). Pero los propósitos de Dios se cumplen, no importa cómo la gente se esfuerce vanamente en contra de Él. Tito 2.11–12 nos asegura que la gracia de Dios aparece, trayendo salvación en medio de la más baja depravación humana, enseñándonos a vivir «sobria, justa y piadosamente» (v. 12). Hay una gran esperanza, aun en medio de una generación maligna y perversa, para los que aman a Dios. Recuerde, Él edificará su iglesia y «las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mateo 16.18). También es capaz de hacer que todas las cosas cooperan para el bien de sus elegidos (Romanos 8.28). Cristo mismo intercede por sus escogidos, personas que no son de este mundo, así como Él no es de este mundo (Juan 17.14). ¿Cuál es su oración? «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal… Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad» (vv. 15, 17). Entonces nuestro deber como creyentes con respecto al pecado es no tratar de purgar todos los males de la sociedad, sino que nosotros mismos nos ocupemos con diligencia en la tarea de nuestra santificación. Tenemos que preocuparnos más por el pecado en nuestras propias vidas. Solo cuando la iglesia se convierta en santa podrá comenzar a tener un efecto real y poderoso en el mundo exterior.”
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“El número de pecados que una persona cometa no hace que su caso sea imperdonable (vea Santiago 5.20).”
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