Por ser el primero entre los mejores en cuanto a utilidad, estamos obligados a mencionar a aquel cuyo nombre es ya una palabra cotidiana: MATTHEW HENRY. Es sumamente piadoso y conciso, sólido y sensato, sugerente y sobrio, sucinto y de confianza. Encontraréis que resplandece con metáforas, es rico en analogías, rebosa de ilustraciones y abunda en reflexiones. Se deleita en las aposiciones y las aliteraciones, pero su estilo es, por lo general, sencillo, evocador y lleno de contenido. Ve el sentido del texto directamente y ofrece el resultado de un minucioso conocimiento crítico de los originales a la altura de los mejores críticos de su época. Es profundamente espiritual, celestial y beneficioso, encuentra el contenido de cada texto y de todos ellos extrae lecciones enormemente prácticas y acertadas. El suyo es un tipo de comentario que debe colocarse donde lo vi en la antigua casa de reunión en Chester: encadenado en el vestíbulo para que cualquier persona pudiera leerlo. Es el comentario del hombre de a pie, el viejo compañero del cristiano, adecuado para cualquiera, instructivo para todos.
Henry's well-known Exposition of the Old and New Testaments (1708-1710) is a commentary of a practical and devotional rather than of a critical kind, covering the whole of the Old Testament, and the Gospels and Acts in the New Testament. After the author's death, the work was finished by a number of ministers, and edited by George Burder and John Hughes in 1811. Not a work of textual criticism, its attempt at good sense, discrimination, its high moral tone and simple piety with practical application, combined with the well-sustained flow of its English style, made it one of the most popular works of its type. Matthew Henry's six volume Complete Commentary, originally published in 1706, provides an exhaustive verse by verse study of the Bible. His commentaries are still in use to this day.
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